Despertar
Sinceramente, irme a estudiar y vivir fuera de casa es la mejor cosa que he hecho en mi vida. Mi existencia desde mi tierna edad hasta los 18 fue una especie de cuento inacabado, una sutil ignorancia. Fuera de la protección paterna todo se ve desde una perspectiva distinta. Y me alegro.
Aunque al principio da miedo (y aún lo sigo teniendo) me siento más vivo que nunca. Es como si hubiera estado en un “sueño metafísico”, diría Kant. Es como recibir un puñetazo en la boca que te depierta de repente, un golpe de efecto demoledor. Jamás algo tan violento me gustó tanto.
Y sé que aún tengo mucho que aprender, mucho que sufrir, pero estoy dispuesto. Henchido de vigor me siento. Y es fantástico. Acabo de descubrir mi vida.
Competición
Me niego a seguir en este juego. Me niego a competir en cada aspecto, en cada ocasión. No puedo soportarlo. No quiero soportarlo. Estoy harto de ello. Odio este estilo de vida. La competición debería ser un juego, no una forma de subsistir. Dedicar tu existencia a la competición me parece, como poco, patético.
Reniego ser el ejecutor de las penas de los demás. Me abstengo. Objeto.
Es muy triste ver darse de ostias por quitarle el sitio a otro. Por acaparar su situación, por sustituírle. ¿Qué nos lleva a tal extremo? ¿La envidia? ¿El poder? ¿Sadísmo?
Y no me tacheís de inocente. Conozco cómo funciona el mundo desde hace años. He sentido y vivido toda esta mierda. Pero aún me pregunto la razón última de todo esto. ¿Estará en nuestro genoma? ¿Evolucionamos sólo para toda esta miseria? Hay días en los que pienso que bien no merece la pena toda esta realidad.
Ya no sé qué pensar.